Duerme el niño
la luz de un limbo
rizos inocentes
sobre su frente
los piecitos
de pan tibio
trazos negros
los ojos cerrados en pestañas
todo el cuerpo
dormido.
El viento trae noticias
detrás del amanecer de sus ojos
la quilla de un barco
gira loca en el espejo
el aire fulge
de estrellas marchitas
Dios lo sabe
y ha enviado un dulce
rayo de luz
a sus padres
entonces el niño
se hace un ángel
y piadosamente abraza
a cada uno.
El gallo ciego picotea el suelo
y da vueltas y vueltas
mientras el sol le da luz y sombra
y más allá el niño ángel
vino al gallo
se montó en él
volaron hasta el cielo.
la gallina y los pollitos pensaron
en un sortilegio
miraban asombrados
sin ver al angelito
y así siguieron
hasta un sólo un punto de luz
a la noche el gallo
se posó en una veleta y
con sus ojos
cuida el vuelo del angelito
porque el gallo ciego
ve esas cosas.
Estaba entreviendo su cara
en el agua
el niño
un remolino le atrapó el rostro
lo llevó al fondo
lo pasó por filtros eternos
cavó un hueco en el fondo del río
para peinarlo
pero los ojos se escaparon
hasta recalar en la orilla
desde ahí ven al niño sin rostro
y lloran.
La madre
miraba al angelito
le puso túnica
envolvió con él sus
propios estremecimientos
el padre abrazó a ambos
y el niño lloró por ellos tres.
La madre lo llevaba
en un tul blanco
devolviéndolo en abrazo
a las entrañas.
A la marcha sólo
le faltaba la fina lluvia
que iba por dentro de la gente
el padre adusto
vertical
la madre partida por un rayo
demás gente flotando
caminaron todos
al unísono grave y lento
así llegaron a la tierra
del siempre jamás
la caja
piedra blanca del silencio
la tierra suave caía
en estruendo para siempre
sobre todos
la madre
con su corazón tocando
de alas al hijo
sin otra respuesta que
el propio temblor
del universo
el padre
sombra compacta
la sostuvo sosteniéndose
en sus propios ojos
todos cayeron
todos flotaron en el silencio
todos estuvieron en pálida burbuja
todos imaginaron una luz del cielo
todos juntos
y luego
a paso detenido volvieron
un solo haz de vida vacilante
juntos salieron a la calle
ese otro mundo
pero la madre no volvió
sólo su sombra
el padre al lado
en vigilia desolada.
Los finos dedos del niño
hilaban el agua y la tierra
agua de alborada
simiente dando vueltas
en sí misma
en los ojos sin luz
estaban todos
jugando con el niño
entre sombras
entre luces
los corazones
ferozmente
rodados en un precipicio
exhaustos
mínimos
humanos
ajados de la tierra
donde el niño
teje un cielo
y un pintor
la da colores.
En la casa del niño
el tiempo gira en
torbellino negro
en desconcierto de
aguas profundas
ceñidas de silencio
la casa es tumba
donde mora vivo el niño
la tumba es casa
donde todos
han muerto con él.
En el camino roto
la intemperie ancestral
la pregunta sin respuesta
la sangre que extravía
su fluir
a una calle que nadie sabe
y que irá al mar
al fondo
a encontrar el sueño
del sueño.
(Para Juanita Jaureguiberry, muerta en agosto de 2002
al año y medio de edad; ahora, en febrero de 2004)
16.10.07
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